Mike Leigh, Reino Unido, 2008.
Poppy es feliz con su vida: vive con su mejor amiga, le gusta su trabajo, disfruta de las cosas. Se ríe continuamente, viste de colores, puede pasar por loca pero tiene un punto carismático que desconcierta a los que no la conocen.
Poppy resulta muy cargante al principio, porque no te la crees, porque te cuesta aceptarla. Pero llega un momento en que te desarma: Poppy es como es, y eso es lo que hay.
Y es entonces cuando Poppy te conquista. Cuando comprendes por qué son afortunados aquellos que la rodean. Por qué desearías, si no ser como ella, al menos poder tomar una copa con ella el viernes por la noche.
Pero cuando Poppy interactúa con el mundo no todos la comprenden. Y de eso va la película. De qué ocurre cuando Poppy se cruza con los demás: hay quien la ignora (el librero), quien se cierra en banda ante ella (el vagabundo, probablemente, el más flojo -e innecesario- de todos sus encuentros), quien se queda fascinado (el psicólogo...) y hay quien no la comprende: su hermana, su cuñado... Sin embargo, de todas sus interacciones, la más interesante es la que mantiene con su profesor de autoescuela: es el lado oscuro de su reflejo, es su contrario. Un choque inevitable de difícil resolución.
Y ahí comprendemos que Poppy no es que sea así, es que así ha decidido ser. Que sonreír, y divertirse, y transmitir buenos sentimientos, pueden ser una opción elegida y consciente. Y con eso me quedo: porque Poppy es así para ser feliz, y para hacer felices a los demás. ¿Se os ocurre un mensaje mejor?
Pdta: un 10 para esa amiga fiel e impagable, santa paciencia, que está cuando hay que estar (para ver a la hermana embarazada, o beber una noche tristona) y desaparece cuando hay que desaparecer....
domingo, 26 de octubre de 2008
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