martes, 9 de septiembre de 2008

Antes que el diablo sepa que has muerto

Sidney Lumet, 2007.

¿Cuándo comienza a desmoronarse la vida de una persona? ¿Es perceptible para ella, para los demás? ¿Es una recta a la que se puede engañar con una curva, se puede evitar el abismo a base de giros, o una vez que está delante, sólo queda agotar el tiempo antes de caer?
Cuando conocemos a los hermanos Hanson sus vidas ya están enfiladas hacia el precipicio. Ambos podían haberlo tenido, si no todo, sí suficiente, pero no lo lograron. Andy es muy inteligente. Pese a un físico poco agraciado, ha conseguido una bella mujer, un puesto importante en la empresa, dinero, vacaciones en Brasil. Hank tenía un matrimonio y una hija, era esa persona a la que todos quieren. ¿Fueron en el pasado personas normales? ¿o llevaban ya la semilla del fracaso? ¿puede esto pasarnos a cualquiera?
Porque cuando nos los presentan, Andy tiene un matrimonio muy dañado (aunque no conozcamos los motivos), su esposa es depresiva y le pone los cuernos. En su trabajo van a tener una auditoría que demostrará que Andy estafaba a la empresa para ganar más dinero, en parte para poder permitirse su adicción a las drogas. Hank es medio alcohólico, su mujer, de la que está divorciado, le reclama continuamente un dinero que no tiene, sabe que decepciona a su hija, tiene un trabajo pésimo. Ambos necesitan dinero urgente y Andy piensa una forma de conseguirlo.
¿Es esta decisión la forma de perder la última curva? ¿si no hubiesen tomado este camino, podría haber habido alguna diferencia?¿o la crisis era ya demasiado profunda? En cualquier caso, la decisión de atracar el negocio de sus padres cruza barreras sagradas. Atacar a tus padres está prohibido por los dioses, que desatarán sobre ellos toda su ira. Porque es innegable que esta historia tiene mucho de tragedia griega, de cómo una decisión provocó una marea inevitable, inevitablemente trágica, y que acaba de la forma más violenta, más incomprensible: cómo un padre decide matar a su hijo. ¿Para vengar a su mujer, para castigarle, para calmar la furia que lo posee, para evitar que haga aún más daño en el futuro?

domingo, 7 de septiembre de 2008

Un grito de amor desde el centro del mundo

Leer esta obra ha sido para mí una pérdida de tiempo, y si la he terminado ha sido únicamente por su breve extensión, 192 págs. No comprendo por qué Alfaguara no ha decidido incluirla en una colección juvenil, como su serie roja, sólo se me ocurre que el éxito de "El niño del pijama de rayas" les anime a sugerir a sus lectores adultos libros para jóvenes.
Es la primera obra traducida al castellano de este autor japonés, y viene avalada por un éxito arrollador en su país, donde ha motivado una serie de televisión y un cómic manga. Sakutarô, destrozado de dolor por la muerte de su novia Aki, rememora cómo se conocieron y los momentos que pasaron juntos, repasando los años de adolescencia en que la amistad se transformó en amor. Es una historia tremendamente ñoña y sosa, de jóvenes con conversaciones bastante más infantiles de lo que esperaba de ellos, que no muestra ni un solo momento álgido y que no tiene justificación ninguna.
Es un claro ejemplo de que tener algo que contar no es suficiente para hacer un libro, pues hasta un argumento tan proclive a la empatía como la muerte de un ser querido puede provocar aburrimiento.

Motores para septiembre

Hoy hace una semana que regresamos. Semana de readaptación para unos, de vacaciones para otros, y en general, de más velocidad de la que nos hubiera gustado. Pero no quiero que pase más tiempo sin plasmar aquí palabras que reflejen que algo ha cambiado ligeramente, que a nuestro alrededor el aire se ha hecho, si cabe, aún más cálido, porque este viaje fue importante. Para conocernos mejor, para unirnos, para crear recuerdos comunes. Pilares. Lo he pasado muy bien con vosotros, y Berlín asocia en mi memoria una carga histórica muy dolorosa, un presente innovador que la acerca al futuro más rápido que a las demás ciudades, y risas, canciones (sin comentarios), pechos tatuados, salchichas, maridos neonatos, batidos de vainilla, cafés enormes, avispas, botulismo, salmonelosis, horatianos, lecturas, ritos... buenos amigos.