Los que me conocéis sabéis de mi reticencia por el cine español. Me he dado tantas veces de bruces con él que ya he perdido la esperanza de encontrar algo que no sea vacío, repetitivo e insípido. Carezco de la fidelidad del padre de Mari Carmen hacia nuestra cinematografía, pero también sois consciente de mi lealtad hacia "mis actores".
En el "momento Carmelo" en que me encuentro, no podía dejar pasar la oportunidad de verle en pantalla grande y
La casa de mi padre, aún a pesar de reflejar un problema -el vasco- de difícil compresión social y humana, ha sido un pedacito de buen cine, de ese que te toca en lo íntimo y te hace reflexionar sobre la vida.
No quiero desvelar el argumento, y ni mucho menos el desenlace, pero
La casa de mi padre aborda todas las miradas, se quiere meter en la piel de todas las ideologías, acota un especio familiar y lo hace humano. Expone las dudas, los miedos, las caricias, los odios....y el final (atentos al primer plano de Carmelo) nos dice que la sangre no justifica la lucha.
Película recomendable, aún a pesar de su nacionalidad.
A mi favor decir que aunque me gusta Hugo Silva , nunca iré a ver
Mentiras y gordas