sábado, 9 de febrero de 2008
No es país para viejos, ni para jóvenes, ni para nadie que aspire a un mínimo de vida. La calidad de la película es incuestionable, los actores están espléndidos. Pero permitidme que me plantee cuál es el sentido de este cine de frontera donde todo lo que hay es polvo y resignación, tristeza y continuidad plana. La única ilusión es avistar un mínimo de sombra, un descanso, quitarse las botas y comprobar que por una vez los calcetines no están manchados de sangre. Por qué preferimos recrearnos en el paisaje estéril a concebir que el arte, que efectivamente puede reflejar una supuesta belleza muerta, también puede generar aunténtica belleza viva. No nos resignemos a conformarnos con el lado triste, busquemos la creación de obras alegres que recuerden al mundo por qué merece la pena vivir.
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2 comentarios:
Miria quiso creer comparto tu idea del arte como fuente de belleza y disfrute, pero a veces creo necesario, y hablo a título personal, que algo te desgarre por dentro, que lo doloroso te empape y juegue contigo cual remo de púas que masajea tu corazón.
No sé si eso lo consigue, No es país para viejos, pero algunas otras obras sí.
De todas formas me quedo con BUENOS TARDES, QUIERES CARNE.
El desgarro es necesario, la catarsis nos libera y nos permite ser las personas que deseamos, purificando nuestros bajos instintos. No mezclemos la exploración de nuestro lado oscuro, no ya necesaria sino imprescindible, con el conformismo ante una realidad hostil que puede ser cambiada. Uno se asoma al abismo, e incluso cae, porque forma parte de él; y su deber es no instalarse allí y buscar el camino de vuelta...
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