lunes, 4 de febrero de 2008

Era verano, la tarde perezosa llamaba a la siesta; sin embargo, una joven permanecía esquiva al sueño, agazapada en el suelo, intentando avistar el interior del piso sin ser vista. Era un patio interior que daba cierto respiro a las casas, pero el eco se propagaba con facilidad y no podía permitirse que detectasen su presencia. A la vez, lo que estaba viendo la alteraba de tal forma que deseaba intensamente ser descubierta y poder gritar su despecho...

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