He querido dejar pasar unos días para quitarnos el polvo del camino, la sensación de calor constante y fijar las imágenes en la retina. Para compararla con el lugar en que vivimos y poder poner a Viena en su sitio en mi imaginario. Porque con frecuencia me ocurre que lo que no me acababa de convencer en el momento sube luego de posición, en parte porque la saturación degrada las valoraciones, en parte porque al mirar nuestro contexto con ojos europeos salimos mal parados con frecuencia...
Viena debe mucho de su fama actual a Sissi, pero su sombra es demasiado oscura, y da una idea muy incompleta de lo que es. Está, evidentemente, muy marcada por el pasado imperial, por los grandes palacios, las residencias que rodean a la corte, jardines enormes... pero me quedo con la Viena modernista, con Klimt, y sobre todo, con la actual, con los vieneses que quedan a tumbarse en el museumquartier, los que van al cine en las tardes de lluvia, los que hacen que su ciudad esté llena de librerías y tiendas de música, de cafés donde pasar horas o puestos para comer por la calle, de restaurantes orientales y de terrazas. Es una ciudad limpia, acogedora, cómoda, amable con los visitantes, con gusto por la belleza.
En cualquier caso, y como siempre, lo mejor fue la compañía, poder descubrir cosas con vosotras, comentarlas durante horas, reírnos de cualquier cosa, pasar juntas días enteros. Lástima que Antínoo no pudiera acompañarnos, aunque estuvo mucho más presente de lo que podremos llegar a explicarle. Pero sé que la próxima seremos cuatro....
martes, 8 de septiembre de 2009
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