Matadero de Madrid, junio 2009.
Oscura. Lenta. Teórica. Nada empática. En esta adaptación donde cada uno recita como si fuera un castigo hay muy poco que salvar. Un conflicto que no nos llega. Un protagonista que no nos da nada de pena, allá que se apañe con sus muertos y sus oráculos. Una esposa fría y aburrida, ¿cómo pudo Edipo querer casarse con ella? y unas hijas más sosas que un gazpacho sin sal.
Salvo, en este orden: la utilización del espacio, muy medida, con elementos de múltiples usos que ayudan a la transición de la obra. Me gusta el empleo de la pantalla y las sombras que oculta, pero no entiendo las imágenes que se proyectan. Guerrera señala muy acertadamente un acercamiento al expresionismo alemán, pero, ¿con qué sentido?. Salvo también a Miguel Palenzuela, Tiresias inspirado y asustado ante las consecuencias de la mediocridad que le rodea, y salvo sólo a medias a Pedro Casablanc, Creonte medido y con gran presencia en las dos primeras partes, pero que perdió la entonación en la tercera dejándonos un sabor sólo agridulce. ¿Y qué fue de Laia Marull, de la que no supimos nada hasta que ya en el taxi miramos el elenco? Parecía una recién llegada que se había quedado allí parada casi por casualidad....
Me gustó mucho la sala, creo que es un espacio bien concebido, con muy buena acústica, fusiona lo antiguo y lo moderno de forma fantástica, transmitiendo sensación de sobriedad y contención. Habrá que estar muy pendientes de lo que hagan en el Matadero...
2 comentarios:
Cuenta conmigo yo estaré atenta al Matadero.
Totalmente de acuerdo con la crónica de Edipo. Es densa, sin rítmo, y los actores no están precisamente en estado de gracia, pero.....es teatro y carmmelo sólo hay uno.
Yo lo siento mucho por tí, Guerrera, pero sabes que tendrás que verla una vez más, jejeje...
Que no!!!
Con Ben-Hur Live será suficiente.
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