Son alegres, guapos, creativos. Una ciudad nueva a sus pies, lista para explorar. Se ríen, se quieren. Todo debería salir bien.
Pero no será así. Porque a él no le gusta beber solo, y a ella no le gusta que él se enfade. Porque cuando beben todo les parece más divertido. Porque cuando se cruzan ciertas líneas, no es fácil retroceder.
Es un proceso constante de destrucción. Lo vemos ante nuestros ojos y nos sentimos impotentes por no poder hacer nada. Vemos su deterioro y las oportunidades de salir de su espiral. Vemos cómo las dejan pasar de largo hasta que es demasiado tarde.
¿No hay segundas oportunidades?¿Lo que necesitaban era una tercera?¿o coincidir en el tiempo? Quizá no hay salida posible.
Lo tenían todo, pero sentían que todo no era suficiente. Buscaron más y perdieron lo que tenían. ¿Fue por no saber valorarlo? ¿por no saber poner límites?
¿Era inevitable?
Demodelora. Ella muy buena, él soberbio. Dos horas con dos personas. Muy poco para nosotros.
Yo quería que fueran felices.
martes, 17 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario