domingo, 6 de abril de 2008

MONGOLIA EN MI CORAZÓN



Es posible que en otra vida haya sido mongol. Es más, creo que ha sido así, porque no es normal el cariño que profeso a esas estepas desde el punto geográfico tan alejado de ellas en el que nací.

Anhelo tener un niño mongol y ponerle Gonzalito, pero mientras eso llega sólo me queda vibrar con su cultura, empatizar con sus gentes, y unir mentalmente un puente hacia esas tierras y esas gentes que está mecidas por un cielo azul cobalto.

Pero no soy yo la única que se ha dado cuenta de ello. Louisa Waugh, inglesa de nacimiento, hizo su maleta, y se embarcó en una aventura que le cambió la vida. Recayó en Mongoli, y en un precioso diario de viaje, que tituló, Bajo un cielo azul cobalto, plasmó toda la realidad y yodo el amor que tienen sus gentes.

El mongol está dotado de justa inocencia y valerosa templaza. Cuidan con cariño sus tradiciones y hacen gala de una hospitalidad tan franca que tambalea la actual codicia internacional. Sus benevolentes sonrisas azotan al visitante que siente que se traslada a otra dimensión. Su particular sentido de la privacidad, digo particular porque es inexistente, les envuelve en un ritmo de vida sosegado en el que se sienten felices con lo poco que tienen y comparten.

La aventurera de nuestro libro de viajes, que recomendamos ferviertemente, así lo vio, y así lo ha dejado escrito. Ahora sólo hace falta que servidora meta un par de camisetas en su maleta y consiga realizar un sueño: contemplar ese cielo azul cobalto.

Porque mis impresiones sobre el cine mongo ya las dejo para otra ocasión.

1 comentario:

miria quiso creer dijo...

Mongolia debe ser un sitio precioso, sobre todo con buen tiempo. Pero creo que deberías retrasar tu viaje hasta allí, porque tanto viento puede estropear tu cutis de melocotón (así tienen ellos siempre los carrillos de sequitos). Gonzalito será un dinosaurio verde y nada puedes hacer para evitar su destino.